Las almas que iluminan
El 1 de noviembre, la tradición católica celebra el Día de Todos Santos: un día para honrar a todos los que han muerto y que, según la fe, están en la presencia de Dios.
Más allá de la tradición religiosa, hay algo profundamente humano en este día: la necesidad de recordar a quienes amamos y que ya no están, de reconocer la luz que dejaron en nuestra vida.
La luz que permanece
Cuando alguien que amamos muere, puede parecer que su luz se apaga. Pero con el tiempo, muchas personas descubren que esa luz no desaparece; se transforma. Se convierte en recuerdos, en valores aprendidos, en maneras de ver el mundo que llevan su huella.
Honrar su memoria
Hoy es un buen día para recordar a quienes ya no están. Para agradecer lo que nos dieron. Para reconocer cómo su presencia, aunque ya no sea física, sigue siendo parte de quienes somos.
Gracias por su luz
A todas las almas luminosas que han pasado por nuestra vida: gracias. Su luz sigue brillando en nosotros.
Con Amor. Raúl González Mariscal.
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