El director que no existe
Una de las mayores ilusiones del ser humano es creer que controla completamente su vida. Vivimos pensando que somos los autores absolutos de todo lo que ocurre: 'yo hice', 'yo logré', 'yo perdí', 'yo arruiné', 'yo sostengo'.
El ego necesita sentirse el director de la obra. Necesita creer que todo depende de él porque eso le da identidad, importancia y una sensación de seguridad.
La vida que ya ocurre
Pero si observamos profundamente la existencia, algo comienza a romperse dentro de esa narrativa. Porque la vida ya está ocurriendo antes de que puedas controlarla. Tu corazón late sin pedirte permiso. Tu cuerpo respira mientras duermes. Incluso tus pensamientos aparecen solos.
La rendición que libera
Por eso la rendición trae tanta paz. No como resignación. No como derrota. No como pasividad. Sino como el reconocimiento profundo de que no tienes que cargar con el peso de controlar la existencia. Hay una inteligencia mucho más grande moviendo todo.
Descansar dentro del misterio
Quizá despertar espiritualmente no significa controlar más. Sino finalmente descansar dentro del misterio. Y cuando dejamos de identificarnos tanto con la mente, con el personaje, con la historia personal… comenzamos a sentir algo inmensamente liberador: que no estamos separados de la vida.
Con Amor. Raúl González Mariscal.
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