La idea que sorprende
Hay una idea que suele sorprendernos cuando la entendemos de verdad: muchas veces no es el dolor lo que más nos hace sufrir. Es la resistencia al dolor.
No siempre sufrimos por lo que ocurrió. Sufrimos porque una parte de nosotros insiste en que eso no debería estar pasando. Queremos que la pérdida no exista, que la enfermedad desaparezca, que la relación no haya terminado.
Y mientras peleamos contra la realidad, el sufrimiento se hace más pesado.
La aceptación que no es resignación
Aceptar no significa estar de acuerdo con lo que pasó. Aceptar no significa decir que fue justo, que era lo mejor o que no duele. Aceptar significa reconocer que, en este momento, la realidad ya existe. Es dejar de gastar tanta energía intentando cambiar un pasado que ya ocurrió.
Las emociones que se transforman
Las emociones, por naturaleza, son temporales. Ninguna permanece para siempre. Sin embargo, cuando luchamos contra ellas, las alimentamos. Curiosamente, cuando dejamos de pelear con ellas y simplemente les permitimos estar, comienzan a perder intensidad. Es como intentar hundir una pelota bajo el agua: cuanto más fuerza haces para mantenerla abajo, con más fuerza vuelve a salir.
La paz que llega
La paz no llega cuando la vida finalmente sale exactamente como la imaginábamos. Llega cuando dejamos de convertir cada instante difícil en una batalla imposible de ganar.
Con Amor. Raúl González Mariscal.
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