La muerte que llega de lejos
A veces la muerte no se lleva a alguien que veíamos todos los días. A veces se lleva a alguien que vivía en nuestros recuerdos. Alguien con quien compartimos una etapa entera de la vida. Risas, anécdotas, complicidades, momentos que parecían cotidianos en su momento, pero que con los años se convierten en tesoros.
Y entonces aparece una sensación extraña. La mente empieza a negociar con el pasado.
La culpa del tiempo
'Debí buscarle más.' 'Debí llamarle.' 'Debimos vernos.' Pero cuando miro esa sensación con honestidad, también encuentro otra verdad. La vida pasó. Cada quien tomó su camino. Llegaron nuevos trabajos, nuevas ciudades, nuevas preocupaciones. No dejamos de frecuentarnos porque el cariño se acabó. Dejamos de frecuentarnos porque así ocurre muchas veces con los seres humanos.
El amor que no se mide en frecuencia
Hay personas que pueden pasar años sin sentarse frente a nosotros y aun así conservar un lugar permanente en nuestro corazón. La muerte tiene la extraña capacidad de hacernos mirar hacia atrás y preguntarnos si hicimos suficiente. Pero nadie puede estar presente en todas las vidas que alguna vez tocó.
Sentir tristeza sin cargar culpa
Hoy entiendo que puedo sentir tristeza sin cargar culpa. Puedo extrañar sin castigarme. Puedo agradecer una historia sin reprocharme que no haya sido más larga.
Con Amor. Raúl González Mariscal.
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