El ciclo que se repite
Enero llega con una energía especial. La promesa de un nuevo comienzo, la sensación de que esta vez sí va a ser diferente, la lista de propósitos que escribimos con entusiasmo.
Y luego llega febrero. Y la lista sigue igual.
¿Por qué pasa esto? ¿Y cómo podemos hacerlo diferente?
El problema con los propósitos tradicionales
Los propósitos tradicionales suelen ser demasiado vagos ('quiero ser más sano'), demasiado ambiciosos ('voy a ir al gimnasio todos los días'), o motivados por el miedo o la vergüenza ('tengo que bajar de peso'). Ninguna de estas bases es sostenible.
Una alternativa que funciona
En lugar de una lista de logros, prueba con una intención central: ¿Cómo quiero sentirme este año? ¿Qué valor quiero cultivar? Luego, identifica una o dos acciones concretas y pequeñas que te acerquen a esa intención. La consistencia en lo pequeño supera siempre al heroísmo en lo grande.
El cambio real es lento
El cambio real no ocurre en enero. Ocurre en los martes ordinarios, en las decisiones pequeñas, en la consistencia silenciosa. No necesitas un año perfecto; necesitas un año honesto.
Con Amor. Raúl González Mariscal.
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